logomailing
Search
Close this search box.

Nunca Es Tarde Para Aprender

Escrito por: Maribel Colque Jora, Participante Enseña por Bolivia (PEB), Comunidad de Alto San Antonio – Municipio de Irupana

En estos días una de nuestras wawas, mientras hacía su paseo matutino dentro de la selva tuvo un accidente, una rama seca se rompió en las alturas y le cayó en la cabeza, generándole una herida profunda.   Tenía un corte bastante grande en forma de u, el cuero cabelludo había sido afectado considerablemente… yo no sé, pero me sorprendió mucho que no sangraba tanto, eran escasas gotas en un tono de rojo oscuro, entonces no lo veía tan grave.

Voy a narrarles un poco lo acontecido.

El toque de campana anunció el recreo, es el momento en que cada quien aprovecha para hacer, jugar lo que mejor le parezca y le convenga. Yo aún permanecía con mis wawas en el aula organizando algunos últimos detalles y en eso una turba de wawas, con empujones y a grandes voces venían para avisarme:

– Profe, ha pasado algo grave

– Profe una rama grande le ha caído al Emer

– Profe su cabeza se ha partido el Emer

Sin escuchar bien, ni más, corrí al lugar de lo sucedido.  Allí estaban los profes quienes son tutores de toda primaria, estaban ellos reprochando y acusándole del porqué había entrado a la selva en horario escolar (normal en nuestra cultura que antes que apapacharte te hacen más añico). Emer estaba sentado con la cabeza gacha, sin decir nada, estaba en silencio. Cuando llegué me faltaba el aire por las prisas con las que había corrido, Emer me vio y entonces se partió en llanto, sí, por fin pudo llorar, por fin podía mostrar su dolor, por fin pudo sacar todo, se lo permití, me senté a lado suyo, le tomé sus manitas temblorosas mientras le iba limpiando cada lágrima que recorría por sus mejillas sonrojadas.

A veces, creemos que las wawas no nos escuchan, no comprenden los mensajes y discursos que vamos compartiendo en nuestro cotidiano, pero no, las wawas como bien dicen, son como esponjitas, absorben todo el tiempo… desde que llegué les hice saber que llorar está bien, que perder está bien, que equivocarse está bien pero que hay que saber reconocerlo, que tener episodios de debilidad está bien, está bien para todos, para todas.

Después de un rato, Emer me habló todavía con voz quebrada:

Emer: Profe tú siempre nos dices, vayan con calma, vayan con calma, con cuidado vayan y yo no he ido con calma

Yo: Hijito los accidentes pasan en cualquier momento, los accidentes a veces ocurren cuando menos piensas; no ve que ya te he contado de mis accidentes, igualito pues. Pero tú eres muy valiente y no es grave lo que te ha pasado, se va a sanar rápido, vas a estar bien.

Emer: profe (en llanto total) no quiero ir al doctor, tú nomás cúrame, tú puedes curarme, yo me voy a sanar rápido y eso que ni me está doliendo ahorita.

En ese preciso momento sentía que mi corazón se partía en mil pedazos, tal como se debilitan y rompen los grandes glaciares de hielo en el mar. Me reproché a mí misma por no haber aprendido lo básico de primeros auxilios, lo básico para detener hemorragias, colocar inyecciones y hacer suturas mínimas… el Emer me pedía que yo le cure, porque sabía, tenía confianza y seguridad de que yo le hubiera curado con cariño, con calma, con respeto y sobre todo con empatía, sin herir su dignidad, sin minimizar su dolor, sin apagar sus tantas emociones.

Quise transmitirle calma, le dije que le curaría y en mi mente ya se me agolpaban las imágenes de lo que podía hacer: rasurarle la parte de la herida, desinfectarle, colocarle alguna crema analgésica, taparle con una cascara de huevo y una venda encima para protección e ir haciendo el seguimiento para su pronta recuperación. Mientras maquineaba e iba a conseguir lo necesario, llegó el tío del Emer a insistencia de los profes y le obligaron a llevarlo con el enfermero más cercano que está a 2 horas y media de San Antonio. Emer me miraba con sus ojitos cargados de lágrimas y me sentí impotente en ese momento y lo dejé ir, lo dejé partir. Me sentí triste, me sentí mal, más tarde llamé a su mamá (él es único hijo y solamente vive con su mamá) para saber sobre su estado, me comentó que le habían suturado con unos cuantos puntos y que estaba mejor.

El reto ya está invocado ¡tengo que aprender a suturar! Y todo lo básico de primeros auxilios. A mí, unas amigas que tenían conocimientos básicos me salvaron la vida en aquel trágico accidente que tuvimos cuando viajábamos a Arica; estoy viva y con un brazo derecho saludando y abrazando gracias a ellas.

Así que amigas, hermanas de mi infinito amor, si alguien sabe sobre primeros auxilios le pido que me compartan sus saberes.