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Ya Vas a Entender Cuando Seas Grande

Siempre me ha costado expresarme, hablar de lo que siento o cómo pienso. No por ser tímida y que me costara hablar, más bien por miedo a equivocarme, a decir algo que pueda ser mal visto, miedo a que alguien invalide mi opinión. Les doy un ejemplo con el cual quizás se identifiquen: cuando era niña (y con el pasar de los años lo fui comprobando) sentía que mis ideas valían menos o que no eran escuchadas por venir de una niña.

Escrito por: Camila Torrico Adriazola, Responsable del Área Financiera de Enseña por Bolivia

¿Nunca les pasó? Pensar en una solución que posteriormente los adultos (además luego de pensar mucho y darle mil vueltas) encontraban y tomaban el mérito… Me desesperaba no ser escuchada porque en más de una ocasión pensaba en una solución casi inmediatamente, quizás por la inocencia acompañada de una agilidad mental que no tiene que ocuparse de temas como las cuentas que no pagó, el concierto de la noche, la reunión del día siguiente o el clima que hará el fin de semana, sino que se puede enfocar en hallar una solución inmediata…

Entonces ante este panorama, ¿qué hace que la opinión de un niño valga menos?, ¿los años de experiencia?, ¿por qué los adultos se sienten superiores? Muy probablemente los subestimaron de niños y ahora están equilibrando ilusamente el panorama subestimando a otros. ¿Será?  Entender cuán difícil es para los adultos escuchan a los niños, me hace pensar que vivimos en un mundo adultocentrista.  Ahora que soy una adulta ¿escucho a los niños? Con mucho orgullo puedo contarles que aprendí a hacerlo, pero no les miento, me costó entender que muchas veces ellos están a nuestro nivel, no en todos los aspectos, ni todos en la misma edad, pero sí todos tenemos inteligencia innata por desarrollar y potenciar a lo largo de nuestra vida.

¿Nuestro sistema educativo nos permite explorar todos los aspectos en los cuales nos desenvolvemos con mayor naturalidad? Considero que todo está armado para hacer sentir menos al que no responde al esquema educativo impuesto, y que en muchos casos, no todos desarrollamos ciertas habilidades y aspectos personales mucho antes y si tuviéramos el lugar de desarrollar esas destrezas como habilidades “válidas” para el sistema podríamos ser considerados “genios” o al menos muy inteligentes desde pequeños… estoy segura de que desde algún aspecto de tu vida puedes identificar esta historia como la de alguien muy cercano o inclusive como tuya, no necesariamente en el caso de adulto/niño, si no de cualquier otro.

¿Les cuento sobre las veces que fui oprimida como mujer? Es fácil quejarse y mostrarse en desventaja más aún en un mundo organizado de tal manera que existen ciertos moldes que nos determinan o pretenden hacerlo, en los cuales nadie encaja realmente. No es fácil cambiar esos paradigmas, no es sencillo cambiar de página o cerrar ese libro de desigualdades, ni si quiera teniendo más voz al ser privilegiados.  Desde un lugar de opresión, el adultocentrismo es el último de los problemas, si es que se nace con facciones físicas diferentes, ya sea en las medidas del cuerpo o el color de la piel, o una discapacidad ya sea física o mental desde donde es más difícil elevar la voz y buscar el equilibrio.  Siempre me ha costado expresarme, pero siempre encontré la manera de hacer escuchar mi voz.